Histamina
Una de las muchas funciones de la histamina en el cuerpo es actuar como neurotransmisor, donde ayuda a regular funciones cerebrales importantes como el estado de alerta, la atención, el aprendizaje, la memoria, la respuesta al estrés, los ciclos de sueño-vigilia y la función sexual. Cuando los niveles de histamina del cuerpo se salen de control, se manifiestan muchos síntomas psicológicos y de comportamiento.
Aunque no existe evidencia sólida que demuestre la conexión entre la
histamina y los trastornos mentales, a menudo se observan síntomas como
hiperactividad, comportamiento obsesivo-compulsivo, pánico, ansiedad y depresión
entre quienes padecen un desequilibrio de histamina.
Esto es un poco desconcertante, ya que la histamina no cruza la barrera
hematoencefálica, es decir, no importa cuánta histamina haya en la sangre, nada
del exceso debería entrar al cerebro.
Histamina en el cerebro
Si la histamina no cruza la barrera hematoencefálica, entonces la
explicación de cómo causa síntomas psicológicos y de comportamiento es bastante
simple: el cerebro produce su propia histamina.
Según estudios, la histamina se produce en una zona específica del
cerebro llamada hipotálamo y se almacena en las llamadas neuronas
histaminérgicas, donde se libera tras la estimulación.
El cerebro tiene receptores para la histamina y los trastornos mentales
se producen cuando estos receptores son anormales. En general, la histamina
tiene cuatro tipos de receptores, denominados H1R, H2R, H3R y H4R. Sólo los
tres primeros están presentes en el cerebro.
H1R excita las neuronas del
cerebro y es responsable del ciclo de sueño-vigilia. La activación de estos
receptores por la histamina explica por qué el insomnio es uno de los síntomas
más comunes de la intolerancia a la histamina y cómo los antihistamínicos que
actúan sobre ellos producen un efecto sedante. También se sabe que estos
receptores desencadenan la respuesta de peligro del cuerpo, lo que resulta en
la liberación de la sustancia química norepinefrina. La noradrenalina juega un
papel en la ansiedad y la depresión.
H2R, al igual que H1R, también es excitador, pero su papel es
principalmente en la percepción, la memoria, el aprendizaje, la recompensa, el
placer y el dolor. Esto explica por qué los antihistamínicos que actúan sobre
los receptores H2 afectan nuestra percepción del dolor. La adicción y los
trastornos compulsivos también tienen algo que ver con estos receptores, ya que
se ha descubierto que sustancias adictivas como el alcohol y las drogas
ilícitas interfieren con la actividad de la histamina en H2R. Mientras tanto,
conductas compulsivas como la anorexia y la bulimia están relacionadas con el
efecto de la histamina en los sistemas de recompensa del cerebro.
H3R, por otro lado, inhibe la liberación de histamina por parte de las
neuronas. Estos receptores también son responsables de regular la liberación de
otros neurotransmisores en el cerebro. Los expertos ven los medicamentos que se
dirigen a los receptores H3 como una solución prometedora para abordar los
efectos de la histamina en el cerebro.

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